La Luna Y El Mar

Inspirada en  "Comptine D'Un Aautre Été". Canción en piano del soundtrack de Amelie.
(La lectura es mucho mejor escuchando ésta canción)
Enjoy:





Observaba su piel. El tono le pareció perfecto, las sombras sobre ella, la brisa acariciándola. Sonreía. ¡Un milagro! Sonreía…

Se miraban a los ojos, el sol brillaba tan resplandecientemente. Solos.

-¿Por qué?-Había preguntado él en algún tipo de trance.
-¿Por qué no?-Había respondido ella de alguna manera, ampliando su sonrisa.

Él se limitó a sonreírle, diciendo con sus ojos, dulcemente: “te amo”
La arena se levantaba de vez en cuando, y el viento jugaba con su cabello, acariciando su rostro.

Rayos de sol quemaban su hermoso rostro. Tan viva. Tan feliz. ¿Cómo se le pudo haber escapado de las manos con tanta rapidez?

-¿Por qué?- Le había preguntado él por última vez.

Nadie contestó. Estaba de pie, en silencio. Las sombras eran siniestras, el mundo se derrumbaba ante sus pies.

Las olas, tan tranquilas, tan inquietas. El universo, tan vacio, tan completo. Creía que nunca acabaría. Deseaba que nunca acabara. ¿Por qué?
Su cuerpo tan hermoso, su esencia, su voz. El sol. La luna. La marea. La soledad. El abandono. Ella siempre sabía que responder. Ella era todo. No se comparaba con nada.

-¿Por qué?- Insistió.

Nadie respondió. El frío helaba sus huesos, el viento jugaba con su alma, se burlaba de ella, la engañaba.

Sus huellas en la arena, su mirada calmando sus preocupaciones. Sus manos bailando en el aire, el agua chocando contra sus cuerpos, la proximidad cautelosa, la desnudes de su pecho, la perfección de sus piernas, la necesidad, ¡Oh, la necesidad!

El estar para siempre, el vigilar su respiración por las noches, el abrazar su frágil cuerpo, el estar con ella una vez más, y otra vez, y otra, y otra…

El nunca querer pronunciar la palabra “adiós”. Como cuando con lágrimas tomó su brazo, antes de que ella se marchara y la estrechó contra su pecho, abrazándola como si tratase de no romperla. Ella aún se ruborizaba, ella aún sentía, ella aún lloraba. Todo eso podía, todo eso solía hacer.

Entonces, ¿por qué?

No podía dejar de recordar cuando, hace mucho tiempo, su piel tenía un color perfecto, cuando sus ojos brillaban y ningún atisbo de dolor se asomaba por ellos. Cuando el sol y la brisa eran deliciosos, ella lo disfrutaba, podía notarlo. Sonreía, ¡un milagro!, sonreía…

Había tomado su mano con inocencia, pronunciando palabras que jamás le había dicho a una mujer, expresando su sosiego, comunicando su felicidad.

Ella se limitó a sonreírle, a disipar su mente de posibles preocupaciones.

Él había sujetado su mano por ya mucho tiempo, y ella empezaba a ruborizarse, sin saber por qué.
Entonces pudo verlo. Sus manos temblaban, siempre lo hacían. No había reparado en ello, jamás lo hubiera imaginado.

Con dulces lágrimas, sí, dulces, ella murmuró a su oído la verdad, el acabose, el fin del mundo.

Las lágrimas se deslizaron con rapidez y naturaleza incluso antes de que ella acabase de hablar.

Frío en los huesos, frío en el alma.  Era acaso el susurro de su melodiosa voz… ¿O sólo el viento zumbando en su oído?

¿Cómo sobrellevar esta carga, este dolor, esta hiel, esta tortura? ¿Por qué?

Lloraba. Pero sus labios estaban contraídos en una sonrisa. Pudo sentir el roce de su fría piel. Fría piel. ¿Cómo es que nunca lo había notado?

Entre sollozos y lamentos él dijo que la amaba. Abrazó su frágil cuerpo, acarició sus cabellos, miró a sus ojos. ¿El brillo se desvanecía? ¿Era su imaginación?

¿Y los momentos? ¿Y los recuerdos?

-¿Por qué?-Preguntó a duras penas.
-No lo sé-Había dicho ella.


¿Y el mar? ¿Y la Luna?


-¿Por qué?-Preguntó una vez más.


Pudo sentir el roce de su fría piel. Fría piel.

Y recordarla luchando contra su propio cuerpo, y recordar la sangre que se deslizaba lentamente por su mentón, y recordar las convulsiones que tuvo que presenciar, y recordarlo todo, y no dejar nada de ese verano en la playa, y nunca jamás volver atrás. Nunca jamás.

Luchar contra sí mismo, caminando de un lado a otro como un loco, remembrar todas las noches su rostro pálido y demacrado. Recordar todas las noches su piel perfecta bajo las sombras de una palmera. La piel húmeda. Color muerto.
Su cabello regado por el piso, por todas partes ese hermoso cabello que idolatraba, que adoraba acariciar. Ella sonriendo una vez más. Frío en los huesos, adiós para siempre.

El calor que jamás volvería a sentir, la brisa, la humedad. Los rostros que jamás volvería a divisar. Y las últimas palabras, y las últimas miradas, y los últimos besos, los últimos abrazos, y el último suspiro, el último adiós.

-¿Por qué no?

Y eso fue todo. Eso fue todo.

Azul marchito, frío indeseable, abandono, olvido, ansiedad, soledad. La interrogativa. La Luna, el Mar.

-¿Por qué…?


No contestó. ¿Cómo una sepultura iba a contestarle? ¿Cómo el gélido cemento iba a hablarle?


-Te amo.


Y en el silencio, ella contestó desde lo más profundo de sus memorias.


-Porque te amo.







Para las personas que se aman, independientemente de su relación
Fue escrito ya hace un tiempo. (No puedo evitar preguntarme quién en realidad leerá esto)
Uno de mis favoritos, por que amo el mar... 


Por Abril Montoya

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